Entiendo esto mejor que nadie. Empecé en los mercados siendo adolescente en los años 80. Sin conocimientos. Sin capital. Sin mentor. Mi papá manejaba un taxi en Manhattan. Mi mamá era bibliotecaria. Éramos una familia normal, viviendo una vida normal.
Pero un corredor de bolsa de Wall Street cambió nuestra historia.
Se volvió pasajero habitual de mi papá y en cada viaje por las calles de Manhattan, hablaba del mercado del oro. Fue tan persistente que terminó por convencerlo. Mi papá empezó a comprar una onza de oro por semana a 35 dólares la onza, con constancia y disciplina.
Cuando se liberó el precio del oro, cada onza subió a 800 dólares.